Uno nunca sabe

Una pequeña empresa de plomería de Houston, Texas, entregó su pickup como parte de pago por una nueva. Cuando el dueño comenzó a quitar los rótulos de su negocio, pegados en sus puertas, el concesionario le dijo que ellos se encargarían de hacerlo para no dañar la pintura. Pero… no lo hicieron.

Poco más de un año después, la troca reapareció. Pero no en Texas, sino en Siria, en manos de combatientes yihadistas y con una ametralladora montada atrás. Para colmo, el nombre y el teléfono del plomero seguían perfectamente visibles en las puertas. Las imágenes aparecieron en noticieros internacionales y cadenas americanas.

El dueño original demandó al concesionario AutoNation Ford Gulf Freeway por más de $1 millón por daños a la reputación de su negocio. El caso terminó en un acuerdo confidencial y nunca se reveló cuánto recibió. La moraleja es sencilla: si usted vende un vehículo comercial, quítele su nombre, su logo y su teléfono antes de entregarlo. Porque uno nunca sabe dónde podrá terminar.

Este relato está basado en una noticia real que puedes visitar aquí:

https://abc13.com/post/texas-city-vehicle-sold-ends-up-in-syria/439592

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