EXCUSAS MUNDIALISTAS

Si eres fanático(a) del fútbol o simplemente has prestado atención, ya te habrás dado cuenta de que hay selecciones ausentes en este Mundial.

Equipos tradicionales y otros no tan futbolísticos no lograron clasificar para esta gran fiesta deportiva y tendrán que ver los juegos desde las gradas.

Aquí podrás enterarte de las excusas oficiales de algunos de estos equipos por no haber logrado su clasificación.

  1. 🍕 Italia
    “De nuevo, no clasificamos para poder mantener nuestro invicto.”
  2. 🤷 Chile
    “Ni nosotros mismos sabemos por qué no clasificamos.”
  3. 👴 Perú
    “Nos eliminamos por exceso de experiencia.”
  4. 🏔️ Bolivia
    “No quisimos ir al Mundial porque no nos subieron la cancha a 15,000 pies de altura.”
  5. 🚫 El Salvador
    “Bukele no nos dio permiso para ir.”
  6. ❓ Nicaragua
    “¿Mundial de fútbol? ¿Y eso qué es?”
  7. Cuba
    “Todavía estamos celebrando nuestra participación en el Mundial de 1938.”
  8. 🏅 Venezuela
    “No fuimos porque no nos garantizaron un honroso cuarto lugar.”

El Cono de la Suerte

El entonces alicaido equipo de béisbol profesional, los Piratas de Pittsburgh, comenzó a celebrar sus pírricas victorias levantando un cono naranja de tránsito. Al parecer, la idea nació en el dugout como una broma relacionada con «dirigir el tráfico» de corredores hacia el home plate. Entonces,el equipo empezó a producir más carreras y el cono fue ascendiendo de categoría hasta convertirse en amuleto oficial del equipo.

Los jugadores están convencidos de sus poderes. Los fanáticos también. Tanto es así que comenzaron a robarse los conos por toda la ciudad, obligando a las autoridades a recordar que robarlos puede costarles una multa de 50 dólares. Al parecer, los aficionados concluyeron que si el cono ayuda a fabricar carreras, vale la pena llevarse uno para el estadio.

Los Piratas llevan años buscando una fórmula para ganar partidos de pelota. Probaron gerentes, entrenadores, jugadores y estadísticas avanzadas y ahora resulta que la respuesta estuvo todo el tiempo delante de sus narices: en las propias calles de Pittsburgh y en el corazón esperanzado de unos fanáticos dispuestos a creer en cualquier cosa con tal de ver a su equipo ganar de una vez por todas.

En una ciudad donde todavía se recuerda con nostalgia los gloriosos días de Roberto Clemente, resulta enternecedor ver que los fanáticos aún conservan la capacidad de ilusionarse. Aunque esta vez la esperanza venga en forma de cono naranja. 🦟

Era un hombre pegado a una barriga

Esa mañana, al despertar, supe de inmediato que algo había cambiado. Mi cuerpo se sentía… distinto. Más pesado. Más voluminoso… ¡Menos mío!

Me senté en el borde de la cama, me froté los ojos y al ponerme de pie la vi.

Allí estaba. Redonda. Oronda. Imponente. Como si hubiera crecido de repente durante la noche.

Mis ojos no podían creerlo y mis pantalones tampoco.

Intenté ocultarla. Me vestí con ropa holgada, la metí hacia adentro, caminé erguido como soldado en desfile… pero nada funcionaba. Allí seguía, justo delante de mí, marcando el rumbo como una brújula que solo me encaminaba hacia restaurantes, Publix, panaderías y cafeterías.

Donde hubiera comida, allá iba ella… y yo detrás.

Decidí deshacerme de ella. La abandoné en un parque mientras caminaba rápido, sin mirar atrás. Pero pronto logró encontrarme, como gato que siempre vuelve a casa.

Intenté deshacerme de ella en un gimnasio. Pensé que el ambiente la intimidaría. Iluso de mí. La muy descarada llevaba chocolates escondidos en mis pantalones.

Al final, no tuve más remedio que rendirme ante ella.

Me despertaba para alimentarla temprano, luego pedía comida a media mañana, después a cualquier hora “por si acaso”. Su apetito no tenía fondo.

Poco a poco, su presencia dejó de darme vergüenza y empezó a resultarme familiar… aceptable.

Le compré ropa más grande para su comodidad. Aprendí sus gustos y antojos. La complacía y ella me recompensaba con gloriosas siestas digestivas.

Al correr del tiempo, ella se volvió mi compañera inseparable. Iba conmigo a todas partes. La gente la miraba. Yo también… pero ya sin pena. Hasta empecé a mostrarla con cierta arrogancia, como las mujeres que presumen de su embarazo.

Y así, sin darme cuenta, dejamos de ser dos para convertirnos en uno solo.

Aprendí a complacer sus caprichos y aceptar su presencia. Ella, a cambio, me deja disfrutar cada bocado sin remordimiento… bueno, hasta que tengo que abrocharme el pantalón.

¿Qué sería de mí sin ti… mi barriga?

2025: EL AÑO DE LA CODORNIZ™

(Porque el pavo está carísimo)

Este año, Thanksgiving no se celebra con pavo.
Viene con realidad económica,
de esa que no se puede disfrazar ni con la salsa roja rara que le echan al pavo.

Porque el pavo está tan caro
que uno lo ve en el mercado y piensa:
“¿Lo compro… o pago la luz?”

Así que El Mosquito decreta, sin pena ni anestesia que el 2025 es:

EL AÑO DE LA CODORNIZ™

Quizás algunos nunca ha visto una codorniz en su vida, así que les digo que la codorniz es un pajarito chiquito. Y al lado del pavo parece un pollito.

Lo bueno de la codorniz es que es más barata.
No te da taquicardia en la caja.
Ni te obliga a sacar la tarjeta que ya no aguanta más.

Por eso este año la mesa de la cena de Acción de Gracias será distinta:

  • una codorniz por persona (si hubo suerte).
  • o media codorniz si la cosa está muy dura.

Y la oración familiar viene actualizada:

“Señor, gracias por esta codorniz…
porque si fuera pavo, estuviéramos pagando en cuotas.”

Thanksgiving 2025 será humilde pero honesto:
poco, chiquito, y dentro del presupuesto.

¿Leche o jugo?

Ahí estaba yo, parado frente a la nevera de lácteos del supermercado, viendo aquel circo: leche completa, 2%, descremada, de vaca, de cabra… y de repente: soya, almendra, avena y hasta de coco.
¿Desde cuándo las plantas dan leche?

Vamos a poner las cosas claras: la leche es el líquido que producen los mamíferos para alimentar a sus crías. Punto. Ninguna almendra ha parido un becerro, ninguna mata de soya tiene glándulas mamarias, y la avena mucho menos.
Lo que te venden como “leche” vegetal es agua con un polvito y azúcar, pero claro, si le llamaran “jugo” nadie se pagaría cinco dólares por el litro.

Antes todo el mundo bebía leche y no pasaba nada; hasta al gato de la casa le servían un platito. Ahora resulta que somos todos intolerantes a la lactosa, inflamados y en riesgo de muerte súbita por tomar un vaso de leche entera. Para colmo, los veterinarios dicen que darle leche a los gatos es malo.

A mí me gustaría que las etiquetas en los envases dijeran “Jugo vegetal con sabor a leche”, para que sepamos que estamos pagando por un placebo líquido que alivia culpas pero no alimenta.

WOKE se murió

WOKE estiró la pata y hiede más que perro muerto a orilla de carretera.
Los progres pueden llorar lo que quieran, pero lo cierto es que la moda inclusiva y ridícula que intentaron vendernos murió sin pena ni gloria.

Ni discursos, ni banderas, ni películas fracasadas pudieron salvarla.
El entierro fue silencioso: una tumba sencilla, con una lápida que dice “WOKE 2020 – 2025”, coronada por un arcoíris desteñido.
Las flores marchitas sobre la tumba son el último símbolo de una ideología que se creyó eterna y no duró ni lo que dura un peo en un chinchorro.

WOKE murió como vivió: dando lástima.
Nadie quiso cargar el ataúd porque pesaba más su ridiculez que su ideología.
Ni las drag queens fueron al funeral, y los pocos progres presentes se consolaban murmurando, mantras y llorando a moco tendido.

MOSQUITAZO

Murió como meme sin un “me gusta”,
con cara de payaso y discurso vacío.
Lo entierran sin flores, sin marcha, sin bulla…
y el mundo respira: ¡qué alivio, Dios mío!