Era un hombre pegado a una barriga

Esa mañana, al despertar, supe de inmediato que algo había cambiado. Mi cuerpo se sentía… distinto. Más pesado. Más voluminoso… ¡Menos mío!

Me senté en el borde de la cama, me froté los ojos y al ponerme de pie la vi.

Allí estaba. Redonda. Oronda. Imponente. Como si hubiera crecido de repente durante la noche.

Mis ojos no podían creerlo y mis pantalones tampoco.

Intenté ocultarla. Me vestí con ropa holgada, la metí hacia adentro, caminé erguido como soldado en desfile… pero nada funcionaba. Allí seguía, justo delante de mí, marcando el rumbo como una brújula que solo me encaminaba hacia restaurantes, Publix, panaderías y cafeterías.

Donde hubiera comida, allá iba ella… y yo detrás.

Decidí deshacerme de ella. La abandoné en un parque mientras caminaba rápido, sin mirar atrás. Pero pronto logró encontrarme, como gato que siempre vuelve a casa.

Intenté deshacerme de ella en un gimnasio. Pensé que el ambiente la intimidaría. Iluso de mí. La muy descarada llevaba chocolates escondidos en mis pantalones.

Al final, no tuve más remedio que rendirme ante ella.

Me despertaba para alimentarla temprano, luego pedía comida a media mañana, después a cualquier hora “por si acaso”. Su apetito no tenía fondo.

Poco a poco, su presencia dejó de darme vergüenza y empezó a resultarme familiar… aceptable.

Le compré ropa más grande para su comodidad. Aprendí sus gustos y antojos. La complacía y ella me recompensaba con gloriosas siestas digestivas.

Al correr del tiempo, ella se volvió mi compañera inseparable. Iba conmigo a todas partes. La gente la miraba. Yo también… pero ya sin pena. Hasta empecé a mostrarla con cierta arrogancia, como las mujeres que presumen de su embarazo.

Y así, sin darme cuenta, dejamos de ser dos para convertirnos en uno solo.

Aprendí a complacer sus caprichos y aceptar su presencia. Ella, a cambio, me deja disfrutar cada bocado sin remordimiento… bueno, hasta que tengo que abrocharme el pantalón.

¿Qué sería de mí sin ti… mi barriga?

2025: EL AÑO DE LA CODORNIZ™

(Porque el pavo está carísimo)

Este año, Thanksgiving no se celebra con pavo.
Viene con realidad económica,
de esa que no se puede disfrazar ni con la salsa roja rara que le echan al pavo.

Porque el pavo está tan caro
que uno lo ve en el mercado y piensa:
“¿Lo compro… o pago la luz?”

Así que El Mosquito decreta, sin pena ni anestesia que el 2025 es:

EL AÑO DE LA CODORNIZ™

Quizás algunos nunca ha visto una codorniz en su vida, así que les digo que la codorniz es un pajarito chiquito. Y al lado del pavo parece un pollito.

Lo bueno de la codorniz es que es más barata.
No te da taquicardia en la caja.
Ni te obliga a sacar la tarjeta que ya no aguanta más.

Por eso este año la mesa de la cena de Acción de Gracias será distinta:

  • una codorniz por persona (si hubo suerte).
  • o media codorniz si la cosa está muy dura.

Y la oración familiar viene actualizada:

“Señor, gracias por esta codorniz…
porque si fuera pavo, estuviéramos pagando en cuotas.”

Thanksgiving 2025 será humilde pero honesto:
poco, chiquito, y dentro del presupuesto.

¿Leche o jugo?

Ahí estaba yo, parado frente a la nevera de lácteos del supermercado, viendo aquel circo: leche completa, 2%, descremada, de vaca, de cabra… y de repente: soya, almendra, avena y hasta de coco.
¿Desde cuándo las plantas dan leche?

Vamos a poner las cosas claras: la leche es el líquido que producen los mamíferos para alimentar a sus crías. Punto. Ninguna almendra ha parido un becerro, ninguna mata de soya tiene glándulas mamarias, y la avena mucho menos.
Lo que te venden como “leche” vegetal es agua con un polvito y azúcar, pero claro, si le llamaran “jugo” nadie se pagaría cinco dólares por el litro.

Antes todo el mundo bebía leche y no pasaba nada; hasta al gato de la casa le servían un platito. Ahora resulta que somos todos intolerantes a la lactosa, inflamados y en riesgo de muerte súbita por tomar un vaso de leche entera. Para colmo, los veterinarios dicen que darle leche a los gatos es malo.

A mí me gustaría que las etiquetas en los envases dijeran “Jugo vegetal con sabor a leche”, para que sepamos que estamos pagando por un placebo líquido que alivia culpas pero no alimenta.

WOKE se murió

WOKE estiró la pata y hiede más que perro muerto a orilla de carretera.
Los progres pueden llorar lo que quieran, pero lo cierto es que la moda inclusiva y ridícula que intentaron vendernos murió sin pena ni gloria.

Ni discursos, ni banderas, ni películas fracasadas pudieron salvarla.
El entierro fue silencioso: una tumba sencilla, con una lápida que dice “WOKE 2020 – 2025”, coronada por un arcoíris desteñido.
Las flores marchitas sobre la tumba son el último símbolo de una ideología que se creyó eterna y no duró ni lo que dura un peo en un chinchorro.

WOKE murió como vivió: dando lástima.
Nadie quiso cargar el ataúd porque pesaba más su ridiculez que su ideología.
Ni las drag queens fueron al funeral, y los pocos progres presentes se consolaban murmurando, mantras y llorando a moco tendido.

MOSQUITAZO

Murió como meme sin un “me gusta”,
con cara de payaso y discurso vacío.
Lo entierran sin flores, sin marcha, sin bulla…
y el mundo respira: ¡qué alivio, Dios mío!

Más claro no canta un gallo

En la India no se come con la izquierda porque es la mano de lo impuro, de lo sucio. Con la que se limpian el trasero. Por lo que más de un billón de personas no pueden estar equivocadas.
Curiosamente, pasa lo mismo con los relojes: giras a la izquierda y retrocedes y hasta puedes dañar el reloj; con los tornillos: giras a la izquierda y aflojas; con las llaves:giras a la izquierda y cierras. La izquierda siempre es retroceso, flojera y ruina.

Y no es teoría: es historia escrita con sangre, sudor y lágrimas:
La URSS dejó gulags, represión y hambre. Cuba ha explotado la miseria por más de sesenta años. Venezuela convirtió la mayor reserva petrolera del planeta en el uno de los éxodos humanos más cuantiosos. China mató millones y todavía ejerce un severo control sobre sus ciudadanos. Y Corea del Norte sobrevive a punta de raciones y miedo.

Donde manda la izquierda, impera la miseria. Donde manda el comunismo, todo se arruina. Y lo peor: todavía lo quieren vender como si fuera “justicia social”. Pero, la verdad es que es puro veneno envuelto en ñoña.

Por eso Milei, cuando lo cuestionaron sobre por qué los llama zurdos de mierda, respondió sin dudar: “Porque lo son… ¡Son una mierda!” ¡Más claro no canta un gallo! Porque la izquierda no es alternativa ni propuesta: es atraso, miseria y represión. En una sola palabra son: mierda.

MOSQUITAZO

La zurda te hunde en promesas gastadas,
te deja sin pan, ni futuro, ni hogar,
la diestra levanta naciones honradas,
camino con fuerza que logra avanzar.

¿Para qué sirve una Servilleta?

¿Qué es para ti una servilleta?
¿Un pedazo de papel sin valor alguno, algo que usas y tiras sin pensarlo?

Pues, bien, para mí es otra cosa:
la servilleta es la prueba de cómo vivimos malgastando sin conciencia.
La gente automáticamente arranca diez, usa una y deja nueve intactas sobre la mesa.
El personal de limpieza  las recoge y, sin pestañear, todas van a parar directo al basurero.

¿Y pensar que una sola servilleta puede servir a tantos posibles usos?
– Limpiarte la boca (su único uso oficial).
– Sonarte la nariz.
– Secarte el sudor de la frente.
– Secar lágrimas.
– Tapar un estornudo.
– Limpiar los lentes empañados.
– Ponerla debajo de un mueble cojo.
– Limpiar la pantalla del celular.
– Y hasta para limpiarte el… bueno, tú sabes qué.

Una servilleta puede servir a cien posibles usos,
y la mayoría de ellas terminan desperdiciadas,
sin cumplir la función para la cual fueron fabricadas.
¡Eso sí que da tristeza!

MOSQUITAZO

Cien usos posibles, ninguno dado,
la tiran intacta, limpia y completa.
Su mayor desgracia, destino frustrado:
morir sin haber servido de servilleta.