WOKE estiró la pata y hiede más que perro muerto a orilla de carretera.
Los progres pueden llorar lo que quieran, pero lo cierto es que la moda inclusiva y ridícula que intentaron vendernos murió sin pena ni gloria.
Ni discursos, ni banderas, ni películas fracasadas pudieron salvarla.
El entierro fue silencioso: una tumba sencilla, con una lápida que dice “WOKE 2020 – 2025”, coronada por un arcoíris desteñido.
Las flores marchitas sobre la tumba son el último símbolo de una ideología que se creyó eterna y no duró ni lo que dura un peo en un chinchorro.
WOKE murió como vivió: dando lástima.
Nadie quiso cargar el ataúd porque pesaba más su ridiculez que su ideología.
Ni las drag queens fueron al funeral, y los pocos progres presentes se consolaban murmurando, mantras y llorando a moco tendido.
MOSQUITAZO
Murió como meme sin un “me gusta”,
con cara de payaso y discurso vacío.
Lo entierran sin flores, sin marcha, sin bulla…
y el mundo respira: ¡qué alivio, Dios mío!
