Durante años, los americanos hemos visto cómo la propina dejó de ser un gesto de agradecimiento para convertirse en una obligación. Primero fue el 15%. Después el 18%. Luego el 20%. Y hoy, en muchos casos, es aún más.
Nos hemos quejado. Lo comentamos con la familia, con los amigos, en las redes sociales. Decimos que esto ya se salió de control. Que es un abuso. Que la piden antes de prestar el servicio. Que hasta la piden por servir un café, entregar una bolsa o simplemente girar una pantalla hacia el cliente.
Y, sin embargo, ¿qué hacemos?… La seguimos pagando.
Entonces llegó el Mundial.
Millones de turistas aterrizaron en Estados Unidos sin conocer la costumbre americana de dejar propina obligatoria. Vieron que decía «sugerida», pagaron el precio que aparecía en la cuenta… y se fueron.
Total, era sugerida, ¿no?
Como consecuencia, muchos restaurantes se han visto precisados a incluirla automáticamente en la factura.
A veces los grandes cambios empiezan con una tarjeta de crédito… y un cliente que lee la palabra «sugerida» y la interpreta exactamente como fue escrita.
Moraleja: si quieres cambiar una costumbre americana, no organices una protesta. Organiza un mundial.
