De lo voluntario a lo impuesto: El efecto inflacionario de las propinas

Las propinas ya no son voluntarias, son un impuesto disfrazado con efecto inflacionario.

Hoy terminamos pagando hasta un 40% más del costo real de nuestro consumo por su culpa. Lo que antes era un gesto voluntario de agradecimiento se ha convertido en un impuesto disfrazado.

La propina ahora es obligatoria. Si no la dejas, te miran feo. Si la cuestionas, te cancelan. Y si no pagas el 25%, eres un tacaño sin alma.

Con la llegada de Nuestra Señora Pandemia, aparecieron los terminales computarizados por todas partes. Y con ellos, la imposición: antes de siquiera probar el producto o servicio, ya te estaban pidiendo propina. Un 18%, 20% y hasta un 25% están preseleccionados en la pantalla. Y es ahí donde comienza la guerra psicológica.

Quien te atiende se te queda mirando fijamente, como esperando tu reacción. Tú, con la tarjeta en la mano, sientes que cualquier movimiento en falso te delata. Si buscas el botón escondido del “otro monto”, te invade la culpa. Y si no dejas nada… ni te cuento. Aunque nadie diga una palabra, se está librando una batalla campal en tu mente, en la cual, casi siempre sale ganando “¿Qué dirán de mí si no dejo propina?”

Para muchos, el qué dirán pasó a costar más que el café.

Ni tontos ni perezosos, los comerciantes se apropiaron de las propinas, dejando migajas a sus empleados. Entonces, estos fustigan al cliente con una propina sobre la propina. Aunque ya te hayan cobrado un delivery fee, el repartidor te exige lo suyo.

Es así como entre lo que realmente consumes, lo que “sugieren”, lo que te obligan y lo que te exigen, terminas pagando mucho más de lo que deberías. Por eso digo que la propina ya no es gratitud, es inflación pura.

MOSQUITAZO
Propina era un gesto, ya es extorsión,
te cobran sin darte explicación.
La sonrisa no es por gratitud,
es por tu forzada contribución.

¿Sabes qué es un implante hidráulico peniano?

Yo no lo sabía… hasta que me puse a escribir sobre el tema de las famosas bombitas. Si lo sabes ¡es porque ya tienes una!

Resulta que conozco a dos sujetos que, apenas cumplieron sus 65 años, salieron corriendo donde sus urólogos para que les pusieran la “bombita”, cortesía del Medicare.

Uno de estos caballeros, según él mismo me dijo, la usa “bastante” y está contentísimo.

El otro… la tiene, pero no la usa. Y, como es lógico, no está contento.

No la usa porque no funcione, sino porque no tiene la oportunidad.

La dichosa bombita cuesta como 20,000 dólares por paciente, considerando los gastos y honorarios médicos más todos los demás periquitos. Esto es bastante dinero.

Y lo más absurdo es que en muchos casos, la famosa bombita ni siquiera se usa por varias razones, a saber:

∙ Falta de pareja

∙ Falta de energía

∙ Falta de billete, porque, aun con bombita, si eres viejo y feo, si no tienes billete, no levantas ni polvo.

Las estadísticas nos dicen que en Miami, casi el 40% de los implantes penianos inflables son cubiertos por Medicare.

Si multiplicamos por miles de procedimientos al año, el gasto se infla a la par de las bombitas…

Mientras miles de abuelos no consiguen una silla de ruedas, un audífono o tan siquiera una cita médica, Medicare gasta millones de dólares en prótesis que muchas veces ni se usan.

Sexo senil subvencionado por todos los contribuyentes.

Y si de verdad se tratara de mejorar la vida sexual en la vejez, ¿por qué Medicare solo piensa en los hombres?

Las bombitas se aprueban con rapidez, sin filtros ni objeciones, mientras que la salud sexual femenina en la tercera edad no es tomada en cuenta para nada.

¿Dónde están las terapias hormonales, los especialistas y el reconocimiento de que ellas también sienten?

Medicare gasta una fortuna para que ellos «funcionen», pero no destina lo mismo para que ellas disfruten de sus últimos tiritos.

Esto no es medicina compasiva ni equidad en la salud. Esto es una visión machista del placer, mecánica y excluyente. Es una medicina que solo infla bombitas, pero deja a las féminas sin goce y sin atención.

Mosquitazo:

Todos pagamos por la bombita del abuelo seductor, y a la abuela la dejamos sola con el televisor.