¡Toma y Dame!

María Corina Machado la puso completica cuando salió ofreciéndole a Trump públicamente su Nobel, como si estuviera diciendo en voz alta lo que muchos pensaron en silencio: esto es un toma y dame.

“Yo te doy el Premio Nobel que tú tanto quieres, y tú me das la presidencia de Venezuela ¿sale y vale?”

Cuando le explicaron que el Nobel ni se compra ni se vende, como el cariño verdadero, se hizo la ofendida. Pero ya el mensaje estaba claro: el Premio Nobel había sido puesto sobre la mesa como ficha de un cambalache.

Ella creyó que podía cambiar el Premio Nobel por poder real.
Pero le dijeron que no: que el Nobel no se puede usar para canjearlo por la presidencia de un país.

El toma y dame no resultó, pero la intención de ella quedó al descubierto. ¡Qué vergüenza!

El Troll de la Izquierda

Si no sabes lo que es un TROLL, aquí tienes el mejor ejemplo posible:

El presidente Trump tomó el control del Kennedy Center, barrió con su junta directiva, puso a los suyos y dejó claro que el templo cultural a orillas del Potomac ya no era un club privado progresista.

¿Resultado inmediato? Artistas cancelando, conciertos huyendo, musicales retirándose y drag queens saliendo despavoridos. Nadie los prohibió: se fueron solitos porque no soportan compartir espacio con republicanos.

Y entonces vino el remate: Trump estampó su nombre, bien visible, en el edificio. No para convencer. No para dialogar. ¡Para joder!

Trump es el TROLL de la izquierda por excelencia.

La Tarjeta Dorada de Trump

¡Qué ironías tiene la vida!
Después de andar gritando “no más inmigración”, ahora resulta que Trump dice que sí puedes entrar a América… siempre y cuando vengas con un maletín con un millón de dólares. Como mínimo.

¡Vaya sorpresa!

El pobre Juan Pérez pasó ocho años cortando césped, convencido de que lo que le faltaba para obtener su visa era aprender inglés.
Hoy descubre que no era el inglés lo que necesitaba, sino CASH.
Porque, como dicen en Hialeah: Aquí lo que importa es el cash.

La nueva Gold Card, emitida por el gobierno americano, viene a resolver —por fin— todos los problemas migratorios:

  • ¿Quieres vivir legal en el país? Paga.
  • ¿Quieres papeles rápidos? Paga más.
  • ¿Eres pobre? Bueno… haz la cola y reza sopotocientos rosarios a ver si tienes suerte.

Eso sí.
Trump promete que esta tarjeta atraerá “lo mejor de lo mejor”.
Porque nada dice talento como tener el bolsillo lleno de dolarcillos.

Einstein, Bezos, Messi…
y también el que lava platos (si se gana el Lotto).
Todos son bienvenidos.
Eso sí: con un millón en la mano.

En resumen:
Estados Unidos cerró la puerta…
pero abrió la caja registradora.

Adolf Hitler vuelve al poder…

En un país africano que fue una antigua colonia alemana, acaban de reelegir a un político llamado Adolf Hitler Uunona. Sí, así mismito y sin hacer escándalo alguno, la gente votó como si estuviera eligiendo al presidente de la HOA.

Mientras tanto, en nuestras tierras “civilizadas” no puedes ni hacer ni un chiste con ese nombre sin que aparezca una patrulla de ofendidos profesionales.

Para colmo, el político en cuestión asegura: “Mi papá no sabía quién era ese señor. A él le gustaba ese nombre y me lo puso”. Ajá. ¡Yo te aviso chiruli!

Esto ocurrió en Namibia, un auténtico desconocido geográfico.

Como van las cosas, no sería raro que pronto en Miami nos aparezca un concejal llamado Mao Tse-Tung Martínez… y gane porque sonríe más que Mandani.

Vale más que un cobre

Primero lo declararon inútil, luego caro, y ahora resulta que el penny es “especie en extinción”. Los mismos que lo tiraban al piso o lo dejaban olvidado en el cenicero del carro, hoy lo buscan desesperados como si fuera oro puro. Trump, con su sonrisa en cobre y su ojo guiñado, les recordó que fabricar una moneda que vale un centavo cuesta tres. Y en su lógica empresarial, eso es llevar el carro al autolavado cuando está lloviendo… ¡Pura pérdida!

Así que el país que imprime dólares sin respaldo se quedó sin pennies con respaldo. Los bancos lo llaman “escasez” y los medios “crisis». Mientras tanto, los jarros de cocina rebosan de cobre dormido y las cajas registradoras redondean hacia arriba. Ironías del capitalismo: el centavo que nadie quería ahora vale más que nunca — solo porque Trump le cerró la mina.

Yo creo que toda esta alharaca es, de nuevo, una jugarreta de los zurdos que no pierden oportunidad para joder la paciencia de Trump.