Este verano está que quema: Alaska lanzó alertas de calor. El Polo Norte se está derritiendo. Y tú, yo y medio planeta estamos sudando más que en una sauna.
¿Cambio climático? ¿Incremento de la actividad solar? ¿Apocalipsis? Da igual.
En medio de este infierno, lo único que nos mantiene cuerdos y frescos es la divina intervención de Willis H. Carrier, el hombre que en 1902 inventó el aire acondicionado, Sin él, muchas cosas no serían posibles:
Las Vegas y Dubai no existirían, seguirían siendo polvo caliente. El cine veraniego, el trabajo bajo techo, y nadie se atrevería a salir en su auto en pleno mediodía.
Por todo esto, yo imploro a la Santa Iglesia que canonice al Señor Carrier sin más trámite. Que lo declare patrón celestial del frescor, protector de axilas y guardián del termostato universal.
¡San Carrier, ruega por nosotros… y mantennos en 72 grados!
Amén.
MOSQUITAZO
San Carrier, patrón del frescor,
ven a nosotros, por favor.
Enciende ese bendito aparato,
¡y refréscanos aunque sea un rato!
