La vida se va en los semáforos

Los semáforos parecen tener vida propia. A veces da la impresión de que nos están castigando. O burlándose. Según algunos cálculos, pasamos más de seis meses de nuestra vida simplemente… esperando a que la luz cambie a verde.

No es un accidente. Es una forma silenciosa de dominación. Tú ahí, sentado en tu cacharrito, con el sol dándote en la cara, viendo cómo el tiempo —y la paciencia— se derriten. El conductor que está adelante revisa su celular, el de atrás te pita por inercia, y tú… atrapado entre gente que está al borde de la histeria colectiva. ¡Nadie se escapa de esta maldición!

Dicen que el tiempo es oro. Pero parece que a los ingenieros de tránsito les encanta desperdiciar el nuestro a cuenta se una supuesta seguridad vial.

El Mosquitazo:

Sentado al volante, inquieto,
viendo el rojo eterno alumbrar…
Me debato entre el apuro y el respeto
y siempre opto por acelerar.