A los europeos les encanta la salsa

Los europeos llegaron a Estados Unidos por el Mundial y terminaron enamorados de… una salsa.

Se llama ranch, acompaña desde ensaladas hasta pizza, alitas y papas fritas, y para miles de visitantes fue uno de los grandes descubrimientos del viaje.

Muchos quisieron llevarse una botella de recuerdo. El problema fue que casi todos descubrieron demasiado tarde que la salsa ranch cuenta como un líquido y que las botellas de tamaño normal no pasan por el control de seguridad en los aeropuertos. Por lo que la TSA confiscó tantas que perdió la cuenta.

Pero la historia de la salsa ranch es todavía más curiosa.

En la década de 1950, Steve Henson, un plomero que trabajaba alimentando cuadrillas de obreros en Alaska, preparó una mezcla de mayonesa, suero de leche, ajo, cebolla y hierbas para mejorar el sabor de sus comidas.

Años después abrió un pequeño rancho en California llamado Hidden Valley Ranch. Allí, sus huéspedes quedaron tan encantados con la salsa ranch que empezaron a pedir la receta y botellas para llevárselas a casa. Sin proponérselo, Henson acababa de crear uno de los aderezos más populares de Estados Unidos.

Con el tiempo, el éxito fue tan grande que ranch se convirtió en el nombre genérico de este tipo de salsa. Hoy cualquier empresa puede fabricar salsa ranch, pero solo Hidden Valley puede presumir de vender «The Original Ranch®».

Setenta años después, la receta sigue conquistando paladares. Esta vez, los de miles de visitantes europeos que descubrieron que el mejor recuerdo del Mundial no siempre cabe en una vitrina…

A veces viene dentro de una botella de aderezo para ensalada.

Autogol de la FIFA

Lo que comenzó con un rollo de cinta adhesiva negra terminó convirtiéndose en un autogol publicitario.

Durante un evento privado del Mundial, la FIFA ordenó cubrir con cinta negra las etiquetas de botellas de ketchup, mayonesa, mostaza, salsa de soya y otros condimentos para impedir que aparecieran marcas ajenas a sus patrocinadores oficiales.

Pero esta vez las marcas decidieron no quedarse de brazos cruzados.

Sin protestas ni comunicados, Heinz publicó un anuncio con un dispensador «censurado» por una franja negra y un sencillo mensaje: IT HAS TO BE (Tenía que ser…), que es su famoso eslogan publicitario. No hizo falta más nada. Millones de personas completaron la frase mentalmente.

Por su parte, Levi’s, la famosa marca de jeans, también se vio afectada por la censura publicitaria mundialista. Cuando la FIFA ocultó su nombre en el estadio que lleva su marca, el fabricante de pantalones logró sacarle buen partido a la situación . Mira este video: https://www.youtube.com/watch?v=6CF2H7l4pEs&t=260s

A fin de cuentas, la FIFA terminó dándoles un caudal publicitario y gratis.

¡La FIFA se metió un autogol!

¿Y cómo lo hacen?

Mientras más avanza este Mundial, más convencido estoy de que hay algo podrido en Zúrich.

No me pregunten qué.

No me pregunten quién.

Pero algo huele raro.

De la noche a la mañana el fútbol parece haberse llenado de milagros. Equipos que antes eran relleno ahora eliminan favoritos. Goles que eran goles dejan de serlo. El VAR descubre faltas invisibles. Los árbitros sacan tarjetas como si estuvieran repartiendo naipes. Los water breaks enfrían al que viene encendido. Y, cuando termina el partido, uno sigue sin entender qué fue lo que pasó.

¿Y cómo lo hacen?

¡Yo no sé!

¿Y cuál es el negocio?

¡Yo no sé!

Pero, casualmente, mientras más selecciones creen que pueden ser campeonas, más gente compra camisetas, más países se ilusionan, más patrocinadores aparecen y más millones entran a las arcas del organizador.

¿Será coincidencia?

¿Y quién pone los árbitros?

¡Yo no sé!

¿Y quién maneja el VAR?

¡Yo no sé!

¿Y quién organiza todo este circo?

…Ese sí sé.

Yo solo digo una cosa.

Si al terminar este Mundial descubrimos que la verdadera campeona fue la caja registradora…

…que nadie diga que El Mosquito no se los dijo.

Turistas le dicen NO a la propina

Durante años, los americanos hemos visto cómo la propina dejó de ser un gesto de agradecimiento para convertirse en una obligación. Primero fue el 15%. Después el 18%. Luego el 20%. Y hoy, en muchos casos, es aún más.

Nos hemos quejado. Lo comentamos con la familia, con los amigos, en las redes sociales. Decimos que esto ya se salió de control. Que es un abuso. Que la piden antes de prestar el servicio. Que hasta la piden por servir un café, entregar una bolsa o simplemente girar una pantalla hacia el cliente.

Y, sin embargo, ¿qué hacemos?… La seguimos pagando.

Entonces llegó el Mundial.

Millones de turistas aterrizaron en Estados Unidos sin conocer la costumbre americana de dejar propina obligatoria. Vieron que decía «sugerida», pagaron el precio que aparecía en la cuenta… y se fueron.

Total, era sugerida, ¿no?

Como consecuencia, muchos restaurantes se han visto precisados a incluirla automáticamente en la factura.

A veces los grandes cambios empiezan con una tarjeta de crédito… y un cliente que lee la palabra «sugerida» y la interpreta exactamente como fue escrita.

Moraleja: si quieres cambiar una costumbre americana, no organices una protesta. Organiza un mundial.