Qué feas son las zurdas

Dicen que la belleza está en el ojo del que mira… pero cuando uno ve a ciertas congresistas demócratas, la belleza brilla por su ausencia.

Ahí las tienes. Maxine Waters, con peinado de espantapájaros y voz de megáfono. Ilhan Omar, que frunce más la cara que la bandera del ISIS. Jasmine Crockett, su mirada de caricatura mal dibujada. Rashida Tlaib, con expresión de eterna protesta, Pramila Jayapal, con su cara de sempiterna tragedia. Y Debbie Wasserman Schultz, que nunca ha ido a una peluquería.

¿Coincidencia? ¿Perversión genética? ¿O será que la ideología zurda les corroe la mente y el cuerpo, con énfasis en sus rostros? Todos ellos reflejan lo que pulula en sus desviadas mentes.

Quizás no nacieron feas. Pero el resentimiento militante, el odio al hombre blanco, al rico, al bonito y al heterosexual, deja sus marcas indelebles.

Mientras tanto, al otro lado del pasillo, las republicanas lucen como si salieran de una revista de modas: Kristi Noem, Secretaria de Seguridad Nacional, Karoline Leavitt, Secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Anna Paulina Luna, Representante de Florida, y  Mayra Flores de Texas. Eso sin contar a Melania Trump, radiante. Y a Ivanka, de portada. ¿Será que la derecha conserva… hasta el buen gusto?

La izquierda no es fea por fuera. Es fea por dentro. Y esa fealdad, es como el moho, se nota y hiede.

No todas las feas son zurdas, pero en la izquierda están todas.

La Sultana no fue de gira

Durante su fastuosa gira por el Medio Oriente, Donald Trump fue recibido como todo lo que sueña ser: rey, emperador, sultán y centro de atención. Alfombras rojas, caravanas de lujo, aplausos coreografiados y sonrisas de petrodólar. Todo el protocolo se rindió ante su paso… excepto una figura.

Melania Trump, siempre impecable y medida, no lo acompañó. No apareció en fotos, ni en saludos, ni siquiera como rumor. Su ausencia, sin embargo, se volvió protagonista. Algunos dijeron que prefirió mantenerse al margen. Otros, que su presencia podría haber opacado al protagonista. Y los más suspicaces sugirieron que, tratándose de una gira por tierras de sultanes, al presidente le convenía viajar solo.

Porque hay viajes de negocios, viajes de placer… y viajes que no se cuentan.