La cabellera del León sacude al Medio Oriente

Era de noche. Y allí, bajo los reflectores del palacio presidencial, lo esperaban jovencitas vestidas de blanco y alineadas como perlas del Golfo Pérsico.

El presidente de Estados Unidos de América, Donald J. Trump, aterrizó en Abu Dabi y fue recibido con una ceremonia tan inusual como simbólica: una danza tradicional donde las jóvenes agitaban sus largas cabelleras al ritmo de tambores tribales.
Se trataba del Khaleegy, una danza femenina típica persa, que celebra la feminidad y la gracia mediante movimientos elegantes del cabello y las manos.

Nada de pancartas, ni insultos, ni empujones. Solo cabelleras, sonrisas, y un líder admirado con gesto satisfecho y mano amiga.
Ni CNN supo buscarle un ángulo negativo a esta ceremonia de respeto y admiración a nuestro presidente.

Mosquitazo

Cabelleras al viento, respeto en el andar,
así lo recibieron sin tener que gritar. Entre tambores, danzaba la admiración,
¡y el viento susurró… “aquí manda el León”!

Baby Shark y el Homo Homeless

En Los Ángeles, un barbero —desesperado por la invasión de desposeídos acampando frente a su negocio— tuvo una idea tan ingeniosa como polémica: colocó un altavoz que reproduce, sin pausa, la famosa canción infantil Baby Shark durante las 24 horas del día. ¿Su meta? Espantar a los homeless de la acera. ¿Y saben qué? ¡Funcionó!

Ahora los desamparados huyen despavoridos del lugar, víctimas de la tortura auditiva a la que los sometió el barbero. Algunos ya han levantado su queja ante los medios: dicen que no aguantan más el «turu tu turu tu». Porque, en la California progresista, si no puedes ofrecerle techo a un ser humano, al menos puedes destrozarle el tímpano con reguetón infantil. Humanismo versión karaoke.

Karma fundido en bronce


En el corazón de Times Square, la justicia decidió cambiar los papeles. Esta vez, no es el acusado quien comparece, sino la acusadora.
¿Casualidad o karma con traje de bronce?
Cuando se usa la ley como garrote político, la ley a veces… regresa a ponerte las esposas.

Del pedestal al calabozo,
el bronce se puso mohoso.
La Justicia fue su disfraz…
y ahora se le cayó su antifaz.

La burra Leticia James

Letitia James decía que “nadie está por encima de la ley”…
¡Y terminó mordiéndose la lengua! Ahora le sacan trapitos bien sucios, justo cuando ella se creía la dueña del tribunal y el látigo.

La que acusaba a Trump de inflar cifras, parece que también le metía aire a las suyas. ¡Qué burrada, Letitia! El burro hablando de orejas… y con las suyas bien paradas.