¡Es que no aprenden!

Cracker Barrel quiso “modernizarse” y terminó traicionando a su clientela de siempre. Igual que lo hizo Bud Light que cambió tradición por ideología, tratando de usar al transexual Dylan Mulvaney como imagen para su desdichada marca de cerveza. La factura no tardó en llegar: sus acciones se desplomaron inmediatamente, las perdidas han sido más que alarmantes, el rechazo en las redes sociales es descomunal, y sus restaurantes están vacíos.

A la gente que acostumbra ir a Cracker Barrel por biscuits, mecedoras y un ambiente familiar, ahora le están sirviendo propaganda con un nuevo logo y la remodelación de sus restaurantes. ¡Es que no aprenden!

Los clientes han rechazado el cambio y la marca se ganó el apodo de Crack Barrel con la desafortunada imagen del «hijo de papá», Hunter Biden, integrada a su nuevo logo.

Hasta el Presidente Trump salió en defensa del logo tradicional, colocando uno en la propia Casa Blanca, manifestando así su apoyo a las verdaderas tradiciones americanas.

Desesperados, los ejecutivos de Cracker Barrel analizaron el caso en junto a expertos en publicidad y mercadotecnia, quienes coincidieron en que la única persona que los puede salvar de la inminente catástrofe no es otra que la preciosa Sydney Sweeney.

Ella, no aguantó dos pedidas e inmediatamente se puso su camiseta y salió al rescate, metiéndole el pecho a la situación.

¡EXTRA… ÚLTIMA HORA! Afortunadamente, la intervención de Sydney no fue necesaria. La empresa entró en razón y acaban de informar que «no ha pasado nada», que «todo se queda como estaba». ¡Qué susto se llevaron!

Manos a la Obra

El Presidente Trump, hastiado del desastre existente en nuestra ciudad capital, se dejó de pendejadas y tomó acciones de una vez y por todas.

Él se puso un uniforme de la policía de Washington D.C. y patrulló las calles de esta gran ciudad, participando activamente en redadas y arrestos masivos que dieron con la captura de peligrosos criminales.

No contento con fajarse a combatir el crimen, se subió a un camión del aseo urbano y recorrió parques, plazas y calles retirando escombros, carpas y basura que arruinaba el aseo y ornato de la capital.

Del Pantano a la Política

Hace poco, Florida estrenó el centro de detención de ilegales más creativo jamás pensado: Alligator Alcatraz. Con caimanes de guardias, mosquitos de escoltas y barro hasta las rodillas.

Los demócratas, como siempre, pusieron el grito en el cielo: que si es inhumano, que si es ilegal, que si el calor derrite hasta las demandas.

Por su parte, el Gobernador DeSantis, anunció la pronta apertura de otro centro de detención de ilegales más grande: Deportation Depot. Así que, en Florida, si eres ilegal y te atrapan, te mandarán a alguno de los dos… y ahí te tendrás que enfrentar al pantano, los mosquitos y los caimanes.

¿Para qué sirve una Servilleta?

¿Qué es para ti una servilleta?
¿Un pedazo de papel sin valor alguno, algo que usas y tiras sin pensarlo?

Pues, bien, para mí es otra cosa:
la servilleta es la prueba de cómo vivimos malgastando sin conciencia.
La gente automáticamente arranca diez, usa una y deja nueve intactas sobre la mesa.
El personal de limpieza  las recoge y, sin pestañear, todas van a parar directo al basurero.

¿Y pensar que una sola servilleta puede servir a tantos posibles usos?
– Limpiarte la boca (su único uso oficial).
– Sonarte la nariz.
– Secarte el sudor de la frente.
– Secar lágrimas.
– Tapar un estornudo.
– Limpiar los lentes empañados.
– Ponerla debajo de un mueble cojo.
– Limpiar la pantalla del celular.
– Y hasta para limpiarte el… bueno, tú sabes qué.

Una servilleta puede servir a cien posibles usos,
y la mayoría de ellas terminan desperdiciadas,
sin cumplir la función para la cual fueron fabricadas.
¡Eso sí que da tristeza!

MOSQUITAZO

Cien usos posibles, ninguno dado,
la tiran intacta, limpia y completa.
Su mayor desgracia, destino frustrado:
morir sin haber servido de servilleta.


Combo MAGA para llevar

Roland Beainy, el capo de Trump Burger en Texas, pasó de vender hamburguesas patrióticas con la cara de Trump en la pared, a esperar si lo despachan como combo para llevar.

Llegó de Líbano en 2019, se quedó más tiempo del permitido, armó un matrimonio de utilería y hasta se ganó un cargo por agresión. Y todo, mientras se llenaba los bolsillos sirviendo “lo más americano” que hay: carne, queso y política.

Pero mira como son las cosas: ni llenar el local de fotos del 47, ni bautizar las papas fritas con nombres patriotas lo salvó del ser congelado por I.C.E. Ahora, en noviembre, sabrá si su próximo viaje es a la Casa Blanca… o de regreso a su natal Líbano.

Moral de la historia: en el menú de ICE no hay combo patriota que te salve de una deportación, y no se aceptan cupones de descuento.