El Rey de las Deportaciones

Con 65 deportaciones en su haber y una sonrisa que ni el ICE ha logrado borrar, este mexicano oriundo de Zacatecas ha sido reconocido (extraoficialmente) como el hombre más deportado del mundo. Su nombre es Eusebio Guadalupe Chihuahua.

“Es cuestión de vocación,” dice Eusebio mientras tomaba un trago de tequila.
“Yo no cruzo por necesidad, sino por tradición familiar.”

En esta justa migratoria, su principal rival es Benigno Palma Huerta, hondureño que ya acumula 58 deportaciones y amenaza con arrebatarle el título.

Para defender su marca, Eusebio ha fijado su residencia “oficial” en Tijuana, a tan solo seis cuadras del cruce peatonal de San Ysidro, en esta ciudad fronteriza.

—“Así puedo cruzar a diario, y si me sacan rapidito, vuelvo a intentarlo después de mi siestecita».

Su meta es clara: llegar a las 100 deportaciones antes del fin de este año.
Por su parte, la organización GUINNESS ya está preparando una ceremonia oficial para entregarle un trofeo simbólico que lo certifique como el hombre más deportado del mundo.

“No busco papeles… yo lo que quiero es reconocimiento. ¡Y si me dan una placa, quiero que diga con orgullo: Eusebio Guadalupe Chihuahua, Patrimonio Fronterizo de la Humanidad!”

Advertencia

Esto es 100% Fake News.
No existe un récord Guiness de deportaciones.
No se entregan trofeos a reincidentes (aunque debería ser así).
Cualquier parecido con alguien que cruza, regresa y vuelve a cruzar…
¡es pura coincidencia!

Ahora se están bebiendo el agua del inodoro

Algunos tiktokers han llevado la idiotez viral a niveles subterráneos —literalmente— grabándose mientras beben agua del inodoro. Dicen que es igual a la del grifo. Lo que en verdad buscan es atención. Y la consiguen, claro… al precio de la dignidad.

Ya no es un caso aislado. Es una cadena de «valientes del retrete» compitiendo por ver quién se traga más asco con mejor pose. Mientras millones de personas claman por agua potable, estos genios del siglo XXI brindan desde el trono como si fuera un ritual sagrado.


⚠️ Advertencia: estos videos contienen actos reales de imbecilidad.
No intente esto ni con filtro… ni con el cerebro apagado.
Ejemplo 1
Ejemplo 2

Dos dinosaurios en vías de extinción

El gobierno de Estados Unidos de América ha decidido suspender las transmisiones de Radio Martí, y no puedo más que aplaudir. No porque no me interese la libertad de Cuba, sino porque seguir insistiendo en este vetusto medio, después de 40 años sin resultados, es como intentar revivir el telégrafo en la era del internet. Los tiempos han cambiado, y los hábitos de los cubanos también. Actualmente, no tenemos ninguna garantía de que alguien en la isla siga escuchando sus transmisiones.

Lo cierto es que los únicos realmente perjudicados por la desaparición de Radio Martí son sus empleados, quienes se aferran a sus puestos de trabajo como balseros en alta mar. De los aproximadamente 100 empleados de la Oficina de Transmisiones a Cuba, que está a cargo de la radioemisora, 46 son empleados profesionales registrados en la nómina federal, todos con salarios superiores a $100,000 dólares anuales. Esta radio llegó a costarle al pueblo americano más de 20 millones de dólares al año.

Y ya que hablamos de radios financiadas con dinero público, ¿por qué no aprovechar la ocasión y eliminamos también NPR (Radio Pública Nacional)? Su programación está plagada de ideología de izquierda, y su noticiero —ironías de la vida— ni siquiera es nacional, sino el de la BBC (British Broadcasting Corporation), el cual es narrado con un pesado acento británico que lo hace difícil de entender.

Al parecer, tendremos que decirle adiós a Radio Martí. Si alguien todavía quiere enviar mensajes de libertad a Cuba, que lo haga con métodos más eficaces, acordes a los tiempos actuales, sin burocracia y sin que los contribuyentes americanos tengamos que seguir pagando por algo que, aunque romántico, ya no funciona.

La Sala de Torturas de la Casa Blanca

En la Casa Blanca, en Washington D.C., existe una sala de torturas reservada exclusivamente para presidentes extranjeros.

No tiene látigos ni grilletes, pero sí una silla infame.
Y está ubicada en el corazón mismo del poder: la Sala Oval.

Ese sillón no está hecho para el descanso.
Está diseñado para hacer pasar las de Caín a todo líder que se atreva a contradecir al presidente Trump.


🕺 Primera víctima: Volodymyr Zelensky – Ucrania

El primero en sufrir sus efectos fue el presidente ucraniano.

Apenas bajó de su limusina, comenzó su tortura.

Vestido con un suéter verde ceñido, sin saco ni corbata, con pinta de bailarín de ballet ucraniano en gira, fue recibido por Trump con una de esas frases que cortan como navaja:

“¿Qué pasó? ¿No tienes saco y corbata? Si no tienes, te prestamos unos.”

Zelensky esbozó una sonrisa nerviosa. Ya intuía lo que le esperaba.
Una vez se sentó en el infame sillón, comenzó la sesión: regaños, humillaciones y hasta amenazas.

El diminuto comediante reconvertido en presidente bajaba la cabeza, abochornado, mientras las cámaras del mundo captaban su penosa sumisión diplomática.


🍁 Segunda víctima: Mark Carney – Canadá

La siguiente víctima fue el recién nombrado primer ministro de Canadá.

Entró con la frente en alto, traje impecable y aires de tecnócrata global.
Pero en cuanto se sentó, Trump lo pulverizó con preguntas punzantes, recordatorios históricos y un tono inquisidor que no dejaba espacio para escapar.

Carney balbuceó.
Intentó justificar su postura antiamericanista.
Pero al salir, solo pudo balbucera una que otra disculpa… y evitar a la prensa.


🌍 Tercera víctima: Cyril Ramaphosa – Sur África

El caso más reciente fue el del presidente de Sudáfrica.

Ya venía advertido.
Sabía que Trump le había tendido una emboscada.
Aun así, subestimó las habilidades del Presidente Trump.

Él no se esperaba que Trump le restregara en la cara un vergonzoso video y lo acusara —frente a todos— de ser cómplice de la matanza de granjeros blancos en su país.

Ramaphosa intentó defenderse…
pero se le enredó el volador, los argumentos y hasta el alma.

Así fue como la silla de torturas cobró su tercera víctima.
Y el mundo volvió a presenciar otra humillación presidencial en vivo y directo.


⚠️ Advertencia final:

Si eres presidente extranjero y estás leyendo El Mosquito —porque sabemos que algunos lo hacen— y recibes una cordial invitación de Donald Trump para visitar la Casa Blanca…

¡Ni se te ocurra aceptarla!
Porque puede que entres por la puerta principal con tu mejor sonrisa diplomática…
pero salgas por la de atrás,
con la dignidad metida entre las nalgas y la prensa mundial esperándote en la acera de enfrente.