ICE Travel garantiza tu vuelo de regreso

Dicen que volar con ICE Travel es toda una experiencia. No hay que preocuparse por los boletos: ellos mismos se encargan de conseguirte el vuelo, el asiento y hasta la escolta. No hay cargos ocultos; todo corre por cuenta de la agencia. Lo único que te piden es estar “disponible” cuando pasen por ti.

Con destinos exóticos como Ciudad de Guatemala, Caracas o Tegucigalpa, esta agencia del Tío Sam cumple su lema: “Nosotros te llevamos… quieras o no.” Y lo mejor de todo: no hay reembolsos, pero tampoco segundas oportunidades. Garantizan tu ida sin retorno. ¡Hablamos Español!

Estrategias para despistar a ICE

Los inmigrantes ilegales se las están jugando el todo por el todo para quedarse en Estados Unidos a como dé lugar. Según el Manual de Supervivencia del Inmigrante Ilegal, se recomienda usar usar gafas de sol, pegar una calcomanía pro-Trump en el carro y sonreír solo cuando sea estrictamente necesario para despistar a los agentes de ICE.

Otros consejos incluyen pintarse el pelo de rubio, comer a diario en McDonald’s, cargar un periódico en inglés bajo el brazo y no saludar ni al perro. Todo para “lucir americano”.

“Si te escuchan hablando mal inglés, te agarran en el acto, ni siquiera les importa si eres ciudadano”, asegura Juancito Trucupey, inmigrante venezolano residente en Yuca City.

Ahora, el verdadero sueño americano viene con tinte rubio y combo de Mc Donalds Extra Large… ¡nada de tacos!

Vacaciones pagadas por ICE

Mientras unos lloran sus deportaciones, Martín Pinzón las celebra mojito en mano. Este pícaro cubano descubrió cómo darse la gran vida a costillas del Tío Sam. Gracias a la aplicación CBP Home, cada vez que se “autodeporta” recibe pasaje de avión más mil dólares en efectivo, un verdadero paquete turístico disfrazado de medida migratoria.

Lo que para muchos es un drama, para él es un paseo eterno. Dos semanas en Cancún, fin de semana largo en Punta Cana, y una semana entera en Varadero, Cuba. Todo incluido, cortesía del gobierno de Estados Unidos.

Según él mismo nos cuenta, el truco está en reinventarse. Tras cada viaje regresa tranquilito, cambia de aspecto y se prepara para la siguiente aventura. Un día aparece con barba cerrada, otro día rapado, y a veces luce un bigote digno de telenovela. Así, para las autoridades, siempre es alguien distinto: hoy hondureño, mañana guatemalteco, pasado quizás dominicano.

Al ser entrevistado por El Mosquito, el cubano Martín nos confesó con una carcajada:

“Pienso seguir viajando hasta que me descubran. Por ahora, ya estoy practicando mi acento español, porque el próximo destino será… ¡España! ¡Y, olé!”

La deportación más cruel de todas

Juan Aguilar ya no podía con la vida de prófugo. Cada vez que tocaban la puerta, se disfrazaba de plomero, de primo lejano o hasta de testigo de Jehová. Hasta que un día explotó: sacó un tablón, lo pintó de verde y escribió la frase que sellaba su hartazgo:

“VENDO TODO. ME VOY A LA MIERDA.”

Y cumplió. Vendió la plancha oxidada, la mecedora coja y hasta el espejo roto. Se largó con maleta y todo, antes de que ICE llegara.

Cuando ICE llegó, la casa estaba vacía… salvo por doña Juana, la suegra: ojerosa, de mal carácter y con un cafecito en la mano. Los oficiales, cansados de tanto trabajo inútil, se miraron entre ellos y decidieron castigar a Juan donde más le dolía:

—No atrapamos a Juan, pero deportemos a su suegra. Para que lo espere en su rancho.

Y así fue. La subieron a la camioneta y la enviaron en vuelo directo a Michoacán.

Cuando Juan abrió la puerta de su rancho, con la ilusión de haberse librado de su suegra, la encontró sentada, con el mismo café humeante y la misma cara de juicio final. Y ella, con voz de trueno, sentenció:
—Te lo advertí, m’hijo: que ni con ICE te me escapabas.

Moraleja: ICE se cansó de buscarlo, pero encontró la manera más cruel de vengarse: deportarle a la suegra.

Hielo que enfría pero no deporta

En Las Vegas, un gringo loco pensó que un camión de helados decorado como patrulla —con un escudo y el nombre Ice Cream Patrol— sería un golazo publicitario. El look era entre simpático y retro, como de caricatura, ideal para que los niños corrieran detrás del sonido de su campanita.

Pero apareció un tiktokero con más paranoia que calor en agosto, y soltó la alarma: “¡Ojo! Ese camión no es de helados, es ICE disfrazado para atrapar indocumentados”. El post se hizo viral y el Ice Cream Patrol pasó de vender helados a recibir insultos, amenazas y miradas de desconfianza en cada esquina. Las ventas se congelaron, los clientes desaparecieron y el gringo terminó con sus ventas bajo cero.