Baby Shark y el Homo Homeless

En Los Ángeles, un barbero —desesperado por la invasión de desposeídos acampando frente a su negocio— tuvo una idea tan ingeniosa como polémica: colocó un altavoz que reproduce, sin pausa, la famosa canción infantil Baby Shark durante las 24 horas del día. ¿Su meta? Espantar a los homeless de la acera. ¿Y saben qué? ¡Funcionó!

Ahora los desamparados huyen despavoridos del lugar, víctimas de la tortura auditiva a la que los sometió el barbero. Algunos ya han levantado su queja ante los medios: dicen que no aguantan más el «turu tu turu tu». Porque, en la California progresista, si no puedes ofrecerle techo a un ser humano, al menos puedes destrozarle el tímpano con reguetón infantil. Humanismo versión karaoke.

Postal desde El Salvador

Un hombre que fue símbolo. Un nombre que repitieron con rabia, con rabia, con rabia… hasta que se volvió consigna. Padre, mártir, santo civil. Luego, expediente: Kilmar Abrego García.

Hoy no hay marcha. No hay cartel. No hay portada. Solo una imagen.

Una postal enviada desde el CECOT. por el reo expatriado, dice:

«Por favor, no me olviden.»
—Kilmar

Porque los demócratas que lo usaron… ya no lo visitan. Porque los medios que lo glorificaron… ya no lo cubren. Porque los que gritaban su nombre… ahora no quieren ni oírlo.

Y él sigue ahí. En su tierra, El Salvador. Viendo la roncha que él causó desaparecer en el olvido.

El Tren de Aragua: destino, CECOT

A los temibles pandilleros del Tren de Aragua se les acabó la fiesta.
Se les fueron los tatuajes… y su bravuconada.
Lo único que hacía falta era un nuevo presidente con los cojones bien puestos.
Y ese no es otro que Papá Trump.

Él los declaró terroristas internacionales, y la ley salió a buscarlos hasta debajo de las piedras.
A los primeros que cayeron, los mandaron sin escalas a Guantánamo, y de ahí, derechito al CECOT, en El Salvador.

Hoy, lo que queda de esa pandilla de criminales está haciendo fila, a la espera de su celda en territorio salvadoreño.
Ellos ahora son lo que ves en la foto: tristes e inofensivos payasitos de un circo de poca pacotilla.

Karma fundido en bronce


En el corazón de Times Square, la justicia decidió cambiar los papeles. Esta vez, no es el acusado quien comparece, sino la acusadora.
¿Casualidad o karma con traje de bronce?
Cuando se usa la ley como garrote político, la ley a veces… regresa a ponerte las esposas.

Del pedestal al calabozo,
el bronce se puso mohoso.
La Justicia fue su disfraz…
y ahora se le cayó su antifaz.