Yo no sabía que trabajaba para Publix

Yo no recuerdo haber llenado una solicitud de empleo. Ni haber ido a una entrevista. Mucho menos, haber firmado un contrato. Y sin embargo…trabajo allí.

Escaneo productos. Los meto en bolsas. Peso productos.Y hasta tengo que llamar a un supervisor cuando la máquina decide que no le gusta cómo pongo las cosas en la bandeja.

Lo más curioso de todo es que no me pagan todo mi trabajo. Nadie me ha dado un cheque. Ni un bono de productividad. Ni siquiera me han dado las gracias.

Pero ahí estoy, haciendo el trabajo que antes hacía alguien con camiseta verde y sonrisa forzada.

Al principio pensé que era una novedad. Una forma moderna de acelerar las filas. Un “extra” para los que llevamos pocas cosas. Hoy entiendo que no. No es un avance tecnológico. ¡Es una trampa! Nos convirtieron en empleados sin paga. En cajeros de fin de semana. En trabajadores silenciosos… y gratuitos.

Y lo peor es que lo aceptamos. Y hasta lo celebramos. ¡Qué moderno! ¡Qué rápido! ¡Qué práctico! Sí. Práctico… Para ellos. Porque en cada máquina de auto-check-out hay un puesto de trabajo menos.

Y en cada cliente que acepta escanear su compra, hay una empresa que está ahorrándose salarios, seguros y beneficios. Claro… Todo esto a cambio de nada. Ni propina. Ni descuento. Ni un “gracias por su colaboración”.

A veces me pregunto: ¿qué vendrá ahora? ¿Tendremos que limpiar el carrito antes de devolverlo? ¿Barrer los pasillos que ensuciamos? ¿Reposicionar los tomates mal colocados por otros “clientes-empleados”?

Quizás algún día, pondrán  un letrero en todos los carritos que nos diga: “¡Gracias por ser parte de nuestro equipo!” Y uno, cansado, con el lomo doblado y sin monedas en el bolsillo, se sienta feliz… porque colaboró.

EL MOSQUITAZO

Trabajas gratis, pero con emoción. Publix ahorra ¡y tú con ilusión!

Escaneas el pan, empacas el arroz, no cobras ni un peso… ¡pero te sientes el boss!

Un día, quién sabe, te darán un pin dorado: “Cliente del mes… ¡por no haber cobrado!”

Una demanda que saca lágrimas

En Houston, un hombre pidió su hamburguesa sin cebolla. Pero la cebolla vino igual, como suegra tóxica: sin invitación y con efectos secundarios. Resultado: ataque alérgico, ambulancia, suero… y una demanda por ¡un millón de dólares! Porque en los Estados Unidos de América, el que no llora demanda… y cobra por las lágrimas.

Ahora Whataburger no solo enfrenta la corte, sino algo peor: el juicio de los cocineros con déficit de atención. ¿Fue error humano? ¿Venganza del cocinero? ¿O una cebolla saboteadora infiltrada entre los toppings? Nadie lo sabe, pero el mensaje quedó claro:
¡Nunca subestimes el poder letal de una rodaja de cebolla!

El Impeachment de los Simios

En una escena digna de zoológico parlamentario, los representantes demócratas Al Green (el gorila con bastón) y Shri Thanedar (el mono de Detroit) protagonizaron el más reciente espectáculo en las escalinatas del Capitolio: lanzar al aire resoluciones de juicio político contra Trump como si fueran papelillos de carnaval. Ambos gritaron con vehemencia, pero ni siquiera sus colegas les prestaron atención. El primero fue censurado y expulsado del pleno; el segundo, presionado por su propio partido, terminó reculando. Nadie los apoya. Nadie los sigue. Nadie los toma en serio.

Así están las cosas en el Partido Demócrata: cada vez más aislados, más fuera de la realidad, más dominados por el odio a Trump que por las ideas. En lugar de conectarse con las verdaderas urgencias de la nación, se refugian en sus patéticos intentos de llevar a Trump a juicio político, empujados por una necesidad infantil de llamar la atención. El país exige soluciones. Ellos ofrecen papelones. ¡Qué vergüenza!

La Sultana no fue de gira

Durante su fastuosa gira por el Medio Oriente, Donald Trump fue recibido como todo lo que sueña ser: rey, emperador, sultán y centro de atención. Alfombras rojas, caravanas de lujo, aplausos coreografiados y sonrisas de petrodólar. Todo el protocolo se rindió ante su paso… excepto una figura.

Melania Trump, siempre impecable y medida, no lo acompañó. No apareció en fotos, ni en saludos, ni siquiera como rumor. Su ausencia, sin embargo, se volvió protagonista. Algunos dijeron que prefirió mantenerse al margen. Otros, que su presencia podría haber opacado al protagonista. Y los más suspicaces sugirieron que, tratándose de una gira por tierras de sultanes, al presidente le convenía viajar solo.

Porque hay viajes de negocios, viajes de placer… y viajes que no se cuentan.

La cabellera del León sacude al Medio Oriente

Era de noche. Y allí, bajo los reflectores del palacio presidencial, lo esperaban jovencitas vestidas de blanco y alineadas como perlas del Golfo Pérsico.

El presidente de Estados Unidos de América, Donald J. Trump, aterrizó en Abu Dabi y fue recibido con una ceremonia tan inusual como simbólica: una danza tradicional donde las jóvenes agitaban sus largas cabelleras al ritmo de tambores tribales.
Se trataba del Khaleegy, una danza femenina típica persa, que celebra la feminidad y la gracia mediante movimientos elegantes del cabello y las manos.

Nada de pancartas, ni insultos, ni empujones. Solo cabelleras, sonrisas, y un líder admirado con gesto satisfecho y mano amiga.
Ni CNN supo buscarle un ángulo negativo a esta ceremonia de respeto y admiración a nuestro presidente.

Mosquitazo

Cabelleras al viento, respeto en el andar,
así lo recibieron sin tener que gritar. Entre tambores, danzaba la admiración,
¡y el viento susurró… “aquí manda el León”!