
Desde que Kilmar se fue, se acabaron las margaritas…
El penal volvió al silencio,
los flashes se apagaron… y los gringos no volvieron.
Los reos del CECOT no quieren su libertad.
Quieren a Kilmar de vuelta.

Desde que Kilmar se fue, se acabaron las margaritas…
El penal volvió al silencio,
los flashes se apagaron… y los gringos no volvieron.
Los reos del CECOT no quieren su libertad.
Quieren a Kilmar de vuelta.
Después de pasar años esperando una respuesta de su planeta,
intentando llamar a casa hasta agotar su saldo interestelar disponible,
E.T. el «ilegal alien» más famoso del mundo tomó una decisión drástica:
se acogió al plan de autodeportación voluntaria de Kristi Noem con la esperanza de que lo enviaran de vuelta a su casa.
Pero como nadie sabía de qué planeta venía él,
alguien se confundió de código postal interestelar…
y… ¡zas! lo mandaron directo al CECOT. Sí, ¡al famoso megapenal de Bukele!
Ahora, E.T. se encuentra rodeado de mareros y de pandilleros del Tren de Aragua, sin bicicleta voladora y sin teléfono con que llamar a su casa para que lo vayan a buscar.
Ya ningún demócrata menciona su nombre. Ningún protestante quiere saber de él. Y así, como se hizo famoso, Kilmar Abrego García, el «Padre de Maryland» ha sido dejado de lado porque ya no les sirve.
Como siempre sucede, al tonto útil se le usa y se le descarta a conveniencia. Ya le llegará su hora de retornar a su «querido» El Salvador, con su debido proceso cumplido a cabalidad.
A la caterva de jueces zurdos que intentan sabotear las acciones emprendidas por la actual administración en materia migratoria, les puede salir el tiro por la culata con la extradición del «Padre de Maryland» desde el CECOT en El Salvador.
El Departamento de Justicia finalmente accedió a traer de vuelta a este delincuente para someterlo a juicio, a petición de jueces liberales y activistas. Pero, la justicia lo está esperando con las esposas abiertas, porque sobre él pesan cargos adicionales de tráfico de inmigrantes ilegales.
Los jueces que abogan por el debido derecho de este criminal deben tener cuidado con lo que desean, porque este caso es una bomba de tiempo que les puede explotar en sus propias narices.
Un hombre que fue símbolo. Un nombre que repitieron con rabia, con rabia, con rabia… hasta que se volvió consigna. Padre, mártir, santo civil. Luego, expediente: Kilmar Abrego García.
Hoy no hay marcha. No hay cartel. No hay portada. Solo una imagen.
Una postal enviada desde el CECOT. por el reo expatriado, dice:
«Por favor, no me olviden.»
—Kilmar
Porque los demócratas que lo usaron… ya no lo visitan. Porque los medios que lo glorificaron… ya no lo cubren. Porque los que gritaban su nombre… ahora no quieren ni oírlo.
Y él sigue ahí. En su tierra, El Salvador. Viendo la roncha que él causó desaparecer en el olvido.
A los temibles pandilleros del Tren de Aragua se les acabó la fiesta.
Se les fueron los tatuajes… y su bravuconada.
Lo único que hacía falta era un nuevo presidente con los cojones bien puestos.
Y ese no es otro que Papá Trump.
Él los declaró terroristas internacionales, y la ley salió a buscarlos hasta debajo de las piedras.
A los primeros que cayeron, los mandaron sin escalas a Guantánamo, y de ahí, derechito al CECOT, en El Salvador.
Hoy, lo que queda de esa pandilla de criminales está haciendo fila, a la espera de su celda en territorio salvadoreño.
Ellos ahora son lo que ves en la foto: tristes e inofensivos payasitos de un circo de poca pacotilla.