El eterno turista

Kilmar Abrego García, alias «The Maryland Man» anda por el mundo como turista renuente: ha rechazado 22 destinos posibles para su deportación y sigue pataleando para no subirse al avión. ICE, cansado de la novela, ahora le sacó boleto a Eswatini, demostrando que cuando el pasajero es tan “exigente”, la agencia de viajes migratoria hace tiene sus sorpresas reservadas.

Al paso que vamos, cada “no quiero” del ilegal se traduce en un destino más disparatado. La solución mosquitera es simple: si no acepta 22 países, que lo manden a Siberia, a ver si allá también protesta por el clima.

¿Dónde está Kilmar?

Ya ningún demócrata menciona su nombre. Ningún protestante quiere saber de él. Y así, como se hizo famoso, Kilmar Abrego García, el «Padre de Maryland» ha sido dejado de lado porque ya no les sirve.

Como siempre sucede, al tonto útil se le usa y se le descarta a conveniencia. Ya le llegará su hora de retornar a su «querido» El Salvador, con su debido proceso cumplido a cabalidad.

Cuidado con lo que deseas

A la caterva de jueces zurdos que intentan sabotear las acciones emprendidas por la actual administración en materia migratoria, les puede salir el tiro por la culata con la extradición del «Padre de Maryland» desde el CECOT en El Salvador.

El Departamento de Justicia finalmente accedió a traer de vuelta a este delincuente para someterlo a juicio, a petición de jueces liberales y activistas. Pero, la justicia lo está esperando con las esposas abiertas, porque sobre él pesan cargos adicionales de tráfico de inmigrantes ilegales.

Los jueces que abogan por el debido derecho de este criminal deben tener cuidado con lo que desean, porque este caso es una bomba de tiempo que les puede explotar en sus propias narices.

Postal desde El Salvador

Un hombre que fue símbolo. Un nombre que repitieron con rabia, con rabia, con rabia… hasta que se volvió consigna. Padre, mártir, santo civil. Luego, expediente: Kilmar Abrego García.

Hoy no hay marcha. No hay cartel. No hay portada. Solo una imagen.

Una postal enviada desde el CECOT. por el reo expatriado, dice:

«Por favor, no me olviden.»
—Kilmar

Porque los demócratas que lo usaron… ya no lo visitan. Porque los medios que lo glorificaron… ya no lo cubren. Porque los que gritaban su nombre… ahora no quieren ni oírlo.

Y él sigue ahí. En su tierra, El Salvador. Viendo la roncha que él causó desaparecer en el olvido.