A pesar de toda su bravuconería y discursos de guapetón de barrio, Maduro está más cagado que palo de gallinero. Y tiene sobradas razones para estarlo: 7 buques militares, un submarino, 10 aviones F-35 y unos 4,500 soldados están esperando por él. Solo falta una brisita para que se caiga… de Maduro.
Un engendro de la Naturaleza
Te has puesto a pensar en qué saldría de la mezcla de la senadora por Massachusetts, Elizabeth Warren, alias «Pocahontas» y de Megan Rapinoe, la ex jugadora del equipo femenino de fútbol de USA, famosa por su pelo morado, sus penales fallidos y su afán de adoctrinar al mundo con su ideología WOKE. Pues, la respuesta es obvia: ¡Phillies Karen!
Una gritona de estadio, indignada de profesión, que le quita la pelota del home run a un niño cumpleañero y convierte su berrinche en telenovela nacional.
Juntas, Warren, Rapinoe y Phillies Karen son el MONSTRUO de tres cabezas que la ideología de izquierda engendró.
¿Estás pasado(a) de moda?
Un Labubu es la última moda en muñequitos coleccionables, algo así como la versión 2025 de Hello Kitty, los Cabbage Patch Kids o los Beanie Babies. La diferencia es que estos bichos cuestan un ojo de la cara. Así que si ves a un tipo con parche en el ojo, no pienses en piratas: seguro vendió el ojo para comprarle uno de estos monstruitos a su novia o hija consentida.
El furor de Labubu como moda global lleva aproximadamente uno o dos años; antes era algo que solo compraban unos pocos fanáticos del arte y los muñecos raros, pero a partir del 2024 se volvió una fiebre masiva.
Fueron creados en forma de cajas sorpresa. Tienen orejas de murciélago, dientes afilados y cara de “soy feo pero caro”. La moda es llevarlos colgados del morral, del bolso o de donde se puedan lucir, como diciendo “mírenme, me costó medio sueldo”.
Un Labubu regular suele costar entre 25 y 40 dólares, mientras que ediciones especiales o figuras grandes rondan los 50 a 150 dólares. En reventa, los modelos raros pueden dispararse a varios cientos de dólares.

También están los “Lafufu”, las copias piratas que llegan con orejas chuecas, dientes mal pintados y con cara de espanto. Son tan truchos que en vez de coleccionarlos te dan ganas de ponerlos en el retrovisor para espantar a los ladrones.
Conclusión: Labubu es el único muñeco que, además de colgar de tu mochila, cuelga de tu quincena… y el Lafufu es el único monstruo que te recuerda que lo barato sale caro.
Las paredes oyen… ¡y también dicen!





WOKE se murió
WOKE estiró la pata y hiede más que perro muerto a orilla de carretera.
Los progres pueden llorar lo que quieran, pero lo cierto es que la moda inclusiva y ridícula que intentaron vendernos murió sin pena ni gloria.
Ni discursos, ni banderas, ni películas fracasadas pudieron salvarla.
El entierro fue silencioso: una tumba sencilla, con una lápida que dice “WOKE 2020 – 2025”, coronada por un arcoíris desteñido.
Las flores marchitas sobre la tumba son el último símbolo de una ideología que se creyó eterna y no duró ni lo que dura un peo en un chinchorro.
WOKE murió como vivió: dando lástima.
Nadie quiso cargar el ataúd porque pesaba más su ridiculez que su ideología.
Ni las drag queens fueron al funeral, y los pocos progres presentes se consolaban murmurando, mantras y llorando a moco tendido.
MOSQUITAZO
Murió como meme sin un “me gusta”,
con cara de payaso y discurso vacío.
Lo entierran sin flores, sin marcha, sin bulla…
y el mundo respira: ¡qué alivio, Dios mío!
El eterno turista
Kilmar Abrego García, alias «The Maryland Man» anda por el mundo como turista renuente: ha rechazado 22 destinos posibles para su deportación y sigue pataleando para no subirse al avión. ICE, cansado de la novela, ahora le sacó boleto a Eswatini, demostrando que cuando el pasajero es tan “exigente”, la agencia de viajes migratoria hace tiene sus sorpresas reservadas.
Al paso que vamos, cada “no quiero” del ilegal se traduce en un destino más disparatado. La solución mosquitera es simple: si no acepta 22 países, que lo manden a Siberia, a ver si allá también protesta por el clima.
