Estrategias para despistar a ICE

Los inmigrantes ilegales se las están jugando el todo por el todo para quedarse en Estados Unidos a como dé lugar. Según el Manual de Supervivencia del Inmigrante Ilegal, se recomienda usar usar gafas de sol, pegar una calcomanía pro-Trump en el carro y sonreír solo cuando sea estrictamente necesario para despistar a los agentes de ICE.

Otros consejos incluyen pintarse el pelo de rubio, comer a diario en McDonald’s, cargar un periódico en inglés bajo el brazo y no saludar ni al perro. Todo para “lucir americano”.

“Si te escuchan hablando mal inglés, te agarran en el acto, ni siquiera les importa si eres ciudadano”, asegura Juancito Trucupey, inmigrante venezolano residente en Yuca City.

Ahora, el verdadero sueño americano viene con tinte rubio y combo de Mc Donalds Extra Large… ¡nada de tacos!

Un engendro de la Naturaleza

Te has puesto a pensar en qué saldría de la mezcla de la senadora por Massachusetts, Elizabeth Warren, alias «Pocahontas» y de Megan Rapinoe, la ex jugadora del equipo femenino de fútbol de USA, famosa por su pelo morado, sus penales fallidos y su afán de adoctrinar al mundo con su ideología WOKE. Pues, la respuesta es obvia: ¡Phillies Karen!

Una gritona de estadio, indignada de profesión, que le quita la pelota del home run a un niño cumpleañero y convierte su berrinche en telenovela nacional.

Juntas, Warren, Rapinoe y Phillies Karen son el MONSTRUO de tres cabezas que la ideología de izquierda engendró.

¿Estás pasado(a) de moda?

Un Labubu es la última moda en muñequitos coleccionables, algo así como la versión 2025 de Hello Kitty, los Cabbage Patch Kids o los Beanie Babies. La diferencia es que estos bichos cuestan un ojo de la cara. Así que si ves a un tipo con parche en el ojo, no pienses en piratas: seguro vendió el ojo para comprarle uno de estos monstruitos a su novia o hija consentida.

El furor de Labubu como moda global lleva aproximadamente uno o dos años; antes era algo que solo compraban unos pocos fanáticos del arte y los muñecos raros, pero a partir del 2024 se volvió una fiebre masiva.

Fueron creados en forma de cajas sorpresa. Tienen orejas de murciélago, dientes afilados y cara de “soy feo pero caro”. La moda es llevarlos colgados del morral, del bolso o de donde se puedan lucir, como diciendo “mírenme, me costó medio sueldo”.

Un Labubu regular suele costar entre 25 y 40 dólares, mientras que ediciones especiales o figuras grandes rondan los 50 a 150 dólares. En reventa, los modelos raros pueden dispararse a varios cientos de dólares.

También están los “Lafufu”, las copias piratas que llegan con orejas chuecas, dientes mal pintados y con cara de espanto. Son tan truchos que en vez de coleccionarlos te dan ganas de ponerlos en el retrovisor para espantar a los ladrones.

Conclusión: Labubu es el único muñeco que, además de colgar de tu mochila, cuelga de tu quincena… y el Lafufu es el único monstruo que te recuerda que lo barato sale caro.


A veces los buenos también ganan

Durante un juego en el LoanDepot Park —la casa de los Marlins— a una mujer identificada como Cheryl Richardson Wagner, de 67 años, vecina de Moorestown, Nueva Jersey, se le ocurrió disputar una pelota bateada por Harrison Bader la cual ya estaba en poder de un niño que estaba celebrando su cumpleaños con su familia.

La escena quedó registrada por las cámaras para la ignominia de la humanidad. La aborrecible mujer, que ahora es conocida como Phillies Karen (por aquello de que las Karen son peor que una patada en una bola en un cuarto oscuro), plantada frente al padre y al niño, con el dedo acusador en alto, reclamaba la bola como si le perteneciera por derecho divino. Ve la escena completa abajo:

El niño cumpleañero se quedó sin pelota mientras que todo el estadio presenciaba anonadado lo que había sucedido. Pero, como a veces los buenos también ganan, el homenajeado recibió una swag bag de los Marlins y, como broche de oro, fue invitado a conocer al jonronero Harrison Bader, quien le entregó un bate autografiado.

El cumpleañero ganó un inolvidable recuerdo mientras que la Phillies Karen se quedó con su único trofeo: el desprecio unánime y eterno de todos los que gustamos del béisbol y de las buenas acciones.

No hay nadie más parecida a Elizabeth Warren (senadora por Massachusetts) que la famosa Phillies Karen. Y si alguien lo duda, que revise esta lista de similitudes, las cuales van mucho más allá de los lentes y del peinado:

  1. Ninguna suelta la bola: una se aferra a su puesto en el Senado, la otra a la pelota del home run que se robó.
  2. Las dos creen que tienen control sobre la vida de otros, tratan a la gente como si fueran niños malcriados, cuando en realidad las malcriadas son ellas.
  3. Ambas se niegan a escuchar a los demás: hablan, gritan y sermonean hasta la saciedad, el hastío y la insensatez
  4. Ambas creen que sus sentimientos son más importantes que los de otros.
  5. Las dos son demócratas y liberales, convencidas de que siempre tienen la razón aunque el resto del planeta piense lo contrario. Claro… ¡Era de esperarse!… ¿Cuándo no es Pascua en diciembre!

¡Es que no aprenden!

Cracker Barrel quiso “modernizarse” y terminó traicionando a su clientela de siempre. Igual que lo hizo Bud Light que cambió tradición por ideología, tratando de usar al transexual Dylan Mulvaney como imagen para su desdichada marca de cerveza. La factura no tardó en llegar: sus acciones se desplomaron inmediatamente, las perdidas han sido más que alarmantes, el rechazo en las redes sociales es descomunal, y sus restaurantes están vacíos.

A la gente que acostumbra ir a Cracker Barrel por biscuits, mecedoras y un ambiente familiar, ahora le están sirviendo propaganda con un nuevo logo y la remodelación de sus restaurantes. ¡Es que no aprenden!

Los clientes han rechazado el cambio y la marca se ganó el apodo de Crack Barrel con la desafortunada imagen del «hijo de papá», Hunter Biden, integrada a su nuevo logo.

Hasta el Presidente Trump salió en defensa del logo tradicional, colocando uno en la propia Casa Blanca, manifestando así su apoyo a las verdaderas tradiciones americanas.

Desesperados, los ejecutivos de Cracker Barrel analizaron el caso en junto a expertos en publicidad y mercadotecnia, quienes coincidieron en que la única persona que los puede salvar de la inminente catástrofe no es otra que la preciosa Sydney Sweeney.

Ella, no aguantó dos pedidas e inmediatamente se puso su camiseta y salió al rescate, metiéndole el pecho a la situación.

¡EXTRA… ÚLTIMA HORA! Afortunadamente, la intervención de Sydney no fue necesaria. La empresa entró en razón y acaban de informar que «no ha pasado nada», que «todo se queda como estaba». ¡Qué susto se llevaron!

Manos a la Obra

El Presidente Trump, hastiado del desastre existente en nuestra ciudad capital, se dejó de pendejadas y tomó acciones de una vez y por todas.

Él se puso un uniforme de la policía de Washington D.C. y patrulló las calles de esta gran ciudad, participando activamente en redadas y arrestos masivos que dieron con la captura de peligrosos criminales.

No contento con fajarse a combatir el crimen, se subió a un camión del aseo urbano y recorrió parques, plazas y calles retirando escombros, carpas y basura que arruinaba el aseo y ornato de la capital.