El Asilo es una Tómbola

Debido a la sobrecarga de solicitudes de asilo en las cortes, el DHS ha encontrado una manera más rápida de decidir quién se queda y quién se va: ¡una tómbola digital!

Cuando los solicitantes acuden a su cita con inmigración, cada uno recibe un número. El juez, en lugar de revisar expedientes, hace girar la tómbola que tiene sobre su estrado y, con redoble de tambores, aparece la sentencia:

Bolita verde: “¡Felicidades, usted se queda!” Bolita roja: “Gracias por participar, su vuelo sale mañana.”

Según voceros oficiales, este sistema es “más justo, más moderno y mucho más entretenido que los tribunales de inmigración”. De paso, ahorra recursos: ya no hace falta abogado, intérprete ni papeles. Todo depende de la suerte de la bolita.

Al cierre de esta edición, El Mosquito entrevistó a uno de los afortunados ganadores de asilo. El hombre sonrió, levantó los brazos y gritó:

“¡Me saqué la residencia como quien gana la Lotto! Y ahora mismo meto los papeles para traerme a la chula, a la vieja y al viejo, a los cinco chamacos y, si me dejan, hasta la burra.”

¿Leche o jugo?

Ahí estaba yo, parado frente a la nevera de lácteos del supermercado, viendo aquel circo: leche completa, 2%, descremada, de vaca, de cabra… y de repente: soya, almendra, avena y hasta de coco.
¿Desde cuándo las plantas dan leche?

Vamos a poner las cosas claras: la leche es el líquido que producen los mamíferos para alimentar a sus crías. Punto. Ninguna almendra ha parido un becerro, ninguna mata de soya tiene glándulas mamarias, y la avena mucho menos.
Lo que te venden como “leche” vegetal es agua con un polvito y azúcar, pero claro, si le llamaran “jugo” nadie se pagaría cinco dólares por el litro.

Antes todo el mundo bebía leche y no pasaba nada; hasta al gato de la casa le servían un platito. Ahora resulta que somos todos intolerantes a la lactosa, inflamados y en riesgo de muerte súbita por tomar un vaso de leche entera. Para colmo, los veterinarios dicen que darle leche a los gatos es malo.

A mí me gustaría que las etiquetas en los envases dijeran “Jugo vegetal con sabor a leche”, para que sepamos que estamos pagando por un placebo líquido que alivia culpas pero no alimenta.

No te vistas que no vas

Los texanos reconfiguraron el mapa electoral de Texas haciéndole así un gran favor al país: Al borrar el distrito 30 tal como lo conocíamos, dejaron a Jasmine «Croqueta» Crockett flotando sin base, sin casa y sin excusa para seguir gritando en el Congreso. Su reelección ha quedado más muerta que los principios de su propio partido.

Para 2026, ella podrá gastar millones en campaña, comprar anuncios, mandar correos y hasta llorar en CNN; pero nada cambiará el hecho de que no tiene dónde reelegirse. No es tragedia, es karma: la redistribución de distritos la jubiló antes de tiempo, y esta vez no hay “racismo sistémico” que culpar, solo geometría política bien aplicada.

Se cae de Maduro

A pesar de toda su bravuconería y discursos de guapetón de barrio, Maduro está más cagado que palo de gallinero. Y tiene sobradas razones para estarlo: 7 buques militares, un submarino, 10 aviones F-35 y unos 4,500 soldados están esperando por él. Solo falta una brisita para que se caiga… de Maduro.

Un engendro de la Naturaleza

Te has puesto a pensar en qué saldría de la mezcla de la senadora por Massachusetts, Elizabeth Warren, alias «Pocahontas» y de Megan Rapinoe, la ex jugadora del equipo femenino de fútbol de USA, famosa por su pelo morado, sus penales fallidos y su afán de adoctrinar al mundo con su ideología WOKE. Pues, la respuesta es obvia: ¡Phillies Karen!

Una gritona de estadio, indignada de profesión, que le quita la pelota del home run a un niño cumpleañero y convierte su berrinche en telenovela nacional.

Juntas, Warren, Rapinoe y Phillies Karen son el MONSTRUO de tres cabezas que la ideología de izquierda engendró.

¿Estás pasado(a) de moda?

Un Labubu es la última moda en muñequitos coleccionables, algo así como la versión 2025 de Hello Kitty, los Cabbage Patch Kids o los Beanie Babies. La diferencia es que estos bichos cuestan un ojo de la cara. Así que si ves a un tipo con parche en el ojo, no pienses en piratas: seguro vendió el ojo para comprarle uno de estos monstruitos a su novia o hija consentida.

El furor de Labubu como moda global lleva aproximadamente uno o dos años; antes era algo que solo compraban unos pocos fanáticos del arte y los muñecos raros, pero a partir del 2024 se volvió una fiebre masiva.

Fueron creados en forma de cajas sorpresa. Tienen orejas de murciélago, dientes afilados y cara de “soy feo pero caro”. La moda es llevarlos colgados del morral, del bolso o de donde se puedan lucir, como diciendo “mírenme, me costó medio sueldo”.

Un Labubu regular suele costar entre 25 y 40 dólares, mientras que ediciones especiales o figuras grandes rondan los 50 a 150 dólares. En reventa, los modelos raros pueden dispararse a varios cientos de dólares.

También están los “Lafufu”, las copias piratas que llegan con orejas chuecas, dientes mal pintados y con cara de espanto. Son tan truchos que en vez de coleccionarlos te dan ganas de ponerlos en el retrovisor para espantar a los ladrones.

Conclusión: Labubu es el único muñeco que, además de colgar de tu mochila, cuelga de tu quincena… y el Lafufu es el único monstruo que te recuerda que lo barato sale caro.