Le salió el tiro por la culata

Después de pasar años esperando una respuesta de su planeta,
intentando llamar a casa hasta agotar su saldo interestelar disponible,
E.T. el «ilegal alien» más famoso del mundo tomó una decisión drástica:
se acogió al plan de autodeportación voluntaria de Kristi Noem con la esperanza de que lo enviaran de vuelta a su casa.

Pero como nadie sabía de qué planeta venía él,
alguien se confundió de código postal interestelar…
y… ¡zas! lo mandaron directo al CECOT. Sí, ¡al famoso megapenal de Bukele!

Ahora, E.T. se encuentra rodeado de mareros y de pandilleros del Tren de Aragua, sin bicicleta voladora y sin teléfono con que llamar a su casa para que lo vayan a buscar.

¿Dónde está Kilmar?

Ya ningún demócrata menciona su nombre. Ningún protestante quiere saber de él. Y así, como se hizo famoso, Kilmar Abrego García, el «Padre de Maryland» ha sido dejado de lado porque ya no les sirve.

Como siempre sucede, al tonto útil se le usa y se le descarta a conveniencia. Ya le llegará su hora de retornar a su «querido» El Salvador, con su debido proceso cumplido a cabalidad.

Qué feas son las zurdas

Dicen que la belleza está en el ojo del que mira… pero cuando uno ve a ciertas congresistas demócratas, la belleza brilla por su ausencia.

Ahí las tienes. Maxine Waters, con peinado de espantapájaros y voz de megáfono. Ilhan Omar, que frunce más la cara que la bandera del ISIS. Jasmine Crockett, su mirada de caricatura mal dibujada. Rashida Tlaib, con expresión de eterna protesta, Pramila Jayapal, con su cara de sempiterna tragedia. Y Debbie Wasserman Schultz, que nunca ha ido a una peluquería.

¿Coincidencia? ¿Perversión genética? ¿O será que la ideología zurda les corroe la mente y el cuerpo, con énfasis en sus rostros? Todos ellos reflejan lo que pulula en sus desviadas mentes.

Quizás no nacieron feas. Pero el resentimiento militante, el odio al hombre blanco, al rico, al bonito y al heterosexual, deja sus marcas indelebles.

Mientras tanto, al otro lado del pasillo, las republicanas lucen como si salieran de una revista de modas: Kristi Noem, Secretaria de Seguridad Nacional, Karoline Leavitt, Secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Anna Paulina Luna, Representante de Florida, y  Mayra Flores de Texas. Eso sin contar a Melania Trump, radiante. Y a Ivanka, de portada. ¿Será que la derecha conserva… hasta el buen gusto?

La izquierda no es fea por fuera. Es fea por dentro. Y esa fealdad, es como el moho, se nota y hiede.

No todas las feas son zurdas, pero en la izquierda están todas.

¿Por qué no se los llevan?

Entré a la farmacia CVS por una medicina… y terminé con un ataque de risa.

Todo —y cuando digo todo, es TODO— está bajo llave: desodorantes, jabones, enjuague bucal, etc. Es como si de repente, los criminales hubieran enloquecido por el aseo y la higiene personal.

Si quieres algo, tienes que llamar a un empleado, esperar que llegue con su llavecita maestra y luego pedirle permiso hasta para oler el desodorante a ver si te gusta su aroma.

Pero algo me llamó poderosamente la atención.

Los bronceadores estaban al alcance de todos, como si nadie en su sano juicio fuera a robarlos.

Y al fondo, encontré otra zona sin protección: los libros y revistas. Y, para rematar, las tarjetas para el Día del Padre estaban ahí, a la espera de que se las llevaran. Sin candado, sin alarma… ¡totalmente desprotegidas!

¿Casualidad? ¿Falta de interés o de necesidad?

Yo creo que CVS ha puesto en evidencia algo que nadie se atreve a admitir, al menos no en voz alta:

No hay interés de los criminales en estos productos… ¡No los quieren ni regalados! ¿Por qué será?

La piedrota en el zapato demócrata

John Fetterman. Gigante, tatuado, calvo, con hoodie y bermudas, un día salió de la alcaldía de  Braddock, Pensilvania… y terminó en un curul en el Senado. Una figura que parecía sacada de una comedia medieval… hoy es el portaestandarte moral del Partido Demócrata.

Él es el mismo que entró al Senado con derrame cerebral, depresión, y quién sabe qué más. Hoy es la piedrota en el zapato de los demócratas que desean que se calle de una vez y por todas.

En la bancada demócrata, Fetterman es el único que defiende a Israel, se burla del movimiento “woke” y dice lo que piensa… en un partido donde pensar es un pecado capital.

Fetterman es, sin duda, el caso más curioso de nuestra fauna política. Montado en su burro ideológico, con látigo en mano, atiende a las sesiones del Congreso como si estuviera arreando ganado. ¡Y quizás lo esté!